
El día de hoy llamé a paz ciudadana. Unos segundos y ya había alguien al otro lado. Sagazmente le dije al agente que mi urgencia era más bien una molestia por ruidos. 1 minuto duró esa llamada. En aquel minuto hablé con dos operadores, supe que otros vecinos ya habían reclamado, el vecino había sido citado y que, para colmo, ya estaba fuera de su jurisdicción el poder hacer algo, debía llamar a la policía.
En mis viajes por el mundo era común ver reglas empíreas en este sentido. Las 22:00 significaba un silencio total, las 9:00 empezaba el ruido. La gente incluso en edificios iba a armar sus muebles en los estacionamientos, la basura no iba al suelo, iba a un basurero (incluso a veces tenían para distintos tipos de reciclaje en plena calle). Aquí en Chile es común tener al menos un vecino que no sepa (ni quiera) cumplir tales reglas. Y si bien tenemos leyes que nos permiten actuar en fuerza contra ello, es difícil hacerlas cumplir.
Llamar a carabineros es otra historia. Luego de 10 minutos de espera, desistí. Supongo que hay urgencias mucho mayores que un vecino molestando un día sábado. Asaltos, homicidios, robos, allanamientos y un sin fin de cosas suceden en una metrópolis atochada hasta las nubes de personas. Más de 8 millones de personas habitan Santiago.
Pero, este y otros casos de bienestar comunitario si bien no son tan urgentes, son una urgencia muy ocurrente, y sin dudas, molesta. En un país donde se tiene una de las menores dotación de fuerzas policiales per capita, es necesario un cambio de paradigmas, en estos casos domésticos carabineros no debería tener injerencia. Especialmente cuando tienes una solución que a lo largo de los años se ha implementado dentro de esta ciudad, paz ciudadana.
El problema que acabo de mostrar aquí se habría solucionado mucho más rápido si Paz Ciudadana hubiese tenido la potestad de escalar las multas y hacer detenciones pertinentes. Paz Ciudadana no necesita tener un gran uso de la fuerza como Carabineros; estos últimos pueden ser perfectamente el refuerzo. Las fuerzas municipales deberían tener más libertad y poder de acción. Actualmente, Paz Ciudadana solo toma cierto tipo de casos, y está bien. Ahora lo que les falta es que su despliegue no tenga como consecuencia una simple ‘vaquita’ para pagar la multa entre los (ir)responsables de tales actos. Las consecuencias tienen que ser reales. Si queremos vivir en una sociedad realmente civilizada, se necesita empezar por los problemas de escala pequeña.
Como alguien que ha trabajado en sistemas distribuidos, una visión donde se separan recursos y responsabilidades por nivel de escala y naturaleza suena perfecto. No necesitamos usar un tanque para darle a un pájaro, pero tampoco es efectivo darle con una pistola de fogueo. En simples palabras, darle más facultades a la paz ciudadana es la alternativa para la eficiencia en infracciones comunitarias.
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